6 de Julio: DIA DEL MAESTRO


La Conferencia Interamericana de Educación recomendó celebrar el Día Panamericano del Maestro el 11 de septiembre (fallecimiento del educador y presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento padre de la educación); sin embargo, no todos los países fijaron esta fecha y tampoco adoptaron la figura antes mencionada.
Cada país tiene su propio referente y fecha que está relacionado con algún evento histórico.
En lo referente al Perú durante la Independencia, Don José de San Martín funda la primera Escuela Normal de Varones que fue expedida mediante Resolución por el Marqués Torre Tagle el 06 de Julio de 1822.
Este día se instituye en forma oficial en el año 1953, en el gobierno del general Manuel A. Odría, y alcanza a todos los maestros del Perú tanto de los colegios estatales y  los privados.
En esta fecha, seis de julio de cada año, rendimos homenaje al maestro digno y decente que enseña, orienta y conduce a la sociedad en general por el camino del saber con el propósito de construir un Perú mejor, una patria grande y próspera. En esta fecha no recordamos las humillaciones y vejaciones sistemáticas que hemos sufrido durante este último lustro y por ende desde el siglo pasado.
El ser maestro es mucho más grande que embustes y befas caprichosas que buscaron destruir  nuestra dignidad; pues recordamos que el artífice de la educación es el maestro quien  inculca en el estudiante, con ejemplo,  el amor por el estudio, por el trabajo y el orden, cultivando en ellos buenos hábitos y valores, reforzando su autoestima para que en la vida sepan valerse por sí mismos y se desenvuelvan en cualquier actividad con seguridad. Aunque siempre hay un rumor atrevido, procaz e indecente relacionando al docente y la evaluación.
Que quede bien claro, lectores, los docentes nunca nos hemos  negado a dar evaluaciones, todo lo contrario necesitamos ser evaluados ¡ah! y bien capacitados. Se nos robó el respeto; nuestra tarea es recuperarlo y que mejor recordando las palabras brillantes del gran maestro José Antonio Encinas: “Los maestros, al ponernos al servicio del Estado, no hemos vendido nuestra conciencia ni hipotecado nuestras opiniones, ni hemos perdido nuestra ciudadanía.
El hecho de recibir una suma mensual de dinero significa sólo el pago de nuestros servicios técnicos, pero no el pago de un silencio y de una conformidad que repugna. Quienes pretenden que el maestro debe “callar, obedecer y trabajar”, están en un error, y cometen un insulto a la dignidad humana…
El maestro ante todo es un mentor social”. Maestro, Encinas, si estás palabras hubieran brotado de tus labios en este quinquenio seguro hubieran sido consideradas insolentes y ofensivas al gobierno; y hubieras corrido la misma suerte como en otro hora cuando ni bien terminaste una entrevista fuiste detención inmediatamente confinándote en el Penal del Frontón y después deportado a Panamá.
¿Qué oculta desgracia para el Perú hay en estos hechos en contra de los maestros?, ¿El nuevo presidente tomará como base a la educación y al docente para alcanzar un verdadero desarrollo? Sobre esto último espero no equivocarme; seremos la fortaleza y el sueño esperado.
El ser maestro es ser profe diminutivo de profesor, cuya palabra viene de la voz profesar, que en alguno de sus significados quiere decir ejercer una ciencia, arte u oficio, o enseñar una ciencia o arte. Además, significa “ejercer una cosa con inclinación voluntaria y continua”.
Por tanto, profesor es la persona que ejerce o enseña una ciencia o arte. Así, profesar es más que simplemente ejercer o enseñar una cosa con inclinación voluntaria o continua. Equivale a consagrarse o a dedicarse a una actividad de manera total, tanto en lo individual como en lo colectivo, con el compromiso de servir como premisa fundamental. Aquí ya se invade otro terreno: el de la vocación.
No habrá mejor condecoración y homenaje al magisterio en estos días culminantes de hostilización y marginación que restituyéndonos nuestro sitial de profesionales con libertad, respeto y justicia.
Entonces señor Ministro de Educación sus disculpas a los maestros tal vez sean aceptadas, entonces señor Presidente Alan García sus disculpas, aunque lo dudo, tal vez las prestemos atención, entonces Presidente Ollanta cuente con nosotros.

– Orlando Luján Corro
Educador y Poeta
aoluco_79@hotmail.com


En el Día del Maestro:
Decálogo del “buen” profesor

Habitualmente, escuchamos calificativos generosos, elocuentes y emotivos sobre la importancia del quehacer docente. Son muchos los discursos y anuncios, en su “reconocimiento” por el “Día del Maestro” (6 de julio). Me permito recomendarle, mi estimado colega, seguir los siguientes pasos de manera minuciosa sino desea frustrar su estabilidad laboral.

Primero, cuando asista a reuniones de profesores no cometa la “imprudencia” de decir lo que piensa haciendo empleo de su inútil honestidad intelectual. Si interviene elogie a los directivos y exprese conformidad y complacencia con la marcha de la corporación. No efectúe cuestionamientos, observaciones o críticas; será considerado un disidente. Tampoco espere que sus colegas lo secunden en sus puntos de vista, aun cuando estén de acuerdo. No olvide que en nuestra patria se mantiene vigente “el pacto infame de hablar a media voz”, como decía el maestro Manuel González Prada.

Segundo, si se retrasan en el pago de sus remuneraciones (algo común en las empresas educativas), no se sorprenda. Siempre hay “inconvenientes” para cancelar sus honorarios. Sin embargo, los dueños salen de vacaciones al extranjero, renuevan sus automóviles todos los años, entre otros lujos que evidencia que la crisis solo afecta al profesor que llega a trabajar en combi. No olvide que usted es un proveedor.

Tercero, no sea demasiado severo en la disciplina. Por su culpa se quejará el alumnado y lo llamarán para decirle que los “comprenda”. Deles permiso para salir del aula, comer, masticar chicle, hablar por el celular y hacer cuanta actividad quieran mientras desarrolla su clase. De lo contrario, se vengarán al resolver la encuesta para evaluarlo y sus resultados serán empleados según la conveniencia del centro de estudios.

Cuarto, no pretenda hacer pensar a sus discípulos, dirán que es muy exigente. Si entrega sus capacidades, habilidades, energías y buena voluntad con el afán de mejorar su adiestramiento, contribuirá a la deserción educativa y, consecuentemente, a disminuir los ingresos económicos. Cuidado con desaprobar muchos alumnos, será considerado un desestabilizador de las finanzas. En una entidad de “formación bancaria” donde trabajé (por decencia renuncié el año anterior) uno de sus funcionarios me digo: “Usted no se da cuenta que gracias a los alumnos llevamos nuestros frejoles a casa”. Sin duda, una “verdad” enciclopédica.

Quinto, no hable de ningún tema que permita al educando tener un conocimiento agudo de la realidad nacional. Puede ser calificado de “comunista”, “anti sistema”, “sindicalistas”, etc. Dicte su clase, resuelva consultas solo académicas, entregue sus notas y cobre a fin de mes. Si puede hágase el sordo, ciego y mudo y verá que bien le va. Esto último es un requisito para no ganarse conflictos y no salir del tercermundismo moral en el Perú.

Sexto, tenga mucho cuidado con lo que piensa, dice y sugiere. Sepa que: “Cualquier cosa que diga puede ser usado en su contra”. Aprenda a adaptarse o no volverán a contar con sus servicios. No se sorprenda de ser el caso que usen su separata, syllabus, exámenes y todos sus materiales elaborados gracias a su ejercicio neuronal, de manera gratuita. La piratería intelectual es una práctica cotidiana y no hay derecho a reclamo. No sea ingenuo, negocios son negocios.

Séptimo, no espere “coherencia” en este oficio. Siempre dirán que el alumno es lo más importante, que se preocupan por su “formación integral” y que usted hace bien su trabajo. No se sorprenda que al concluir el ciclo de estudios no sea programado y su curso se lo den a un recomendado. “Es política de la institución reservarse el derecho de prescindir del docente cuando se requiera”, explicarán. Así de “objetiva” es la evaluación de su desempeño. Hasta aquí con el decálogo.

De mi parte, algunas idealistas y antojadizas reflexiones. El desenvolvimiento de la pedagogía demanda, esencialmente, estándares morales que sean observados por el alumno como un referente que inspire fe, ilusión y credibilidad para su porvenir. Nuestra tarea no consiste en transmitir conocimientos, cifras y datos: nuestra misión es constituirnos en un ejemplo personal y demostrarles, con la consecuencia de nuestra conducta, que la vida es mucho más que un título académico y un número acumulado de horas de prácticas. Esa es la razón que debe inspirar a dedicarnos a esta noble misión. ¿Algún día será entendido así?

La formación de los alumnos debe incluir, igualmente, el ejercicio del pensamiento, la actitud crítica y el cuestionamiento reflexivo. Todo ello, facilitará formar una sociedad de profesionales libres y capaces de defender sus derechos y de levantar su voz valiente de protesta ante la injusticia y el abuso. Ese es un objetivo central de la enseñanza en una sociedad sumisa, invertebrada e insolidaria como la nuestra. No solamente hay que darles información sino elementos indispensables para abrir sus ojos ante el engaño, la arbitrariedad y las vicisitudes del mañana.

Los profesores tenemos vocación para educar, formar, transmitir conocimiento y dar una enseñanza de vida. Es una tarea incomprendida, pero la vida es un horizonte de dificultades y un manantial de nuevas posibilidades, una oportunidad para brindar una lección de decencia, una lección insólita y necesaria que se otorga en el aula y no desde una oficina burocrática. Mi homenaje sincero y cálido al maestro que hace de su actuación, a pesar del “sistema”, un apostolado diáfano, honesto y esperanzador.

- Wilfredo Pérez  Ruiz
Docente, conservacionista, consultor,  miembro del Instituto Vida y ex presidente del Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda. http://wperezruiz.blogspot.com/
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