Nicaragua 19 de julio: El FSLN 30 años despuès

FSLN_30_anios_despues
- Treinta años después sólo subirán a la tarima tres de los nueve comandantes
– El debate que nunca ocurrió

julio 19.- Treinta años después, en la inmensa plaza, cambiada de nombre y de sitio en varias ocasiones, ya no subirán a la tarima los nueve comandantes circunspectos, enfundados en trajes verde olivo, brillantes y bien planchaditos con sus laureles rojos y sus botas altas, bien lustradas y nuevas.
Hoy subirán solamente tres: el sonriente y ahora discreto comandante Bayardo Arce, con camiseta de marca, su pañoleta rojinegra, gorra o sombrero, acompañado de un séquito de personas vestidas como él.

Más tarde, segundos antes de que lo haga el comandante Daniel Ortega, aparece el impredeciblemente vestido comandante Tomás Borge, saludando con su brazo rectilíneo hacia el cielo, ahí entre inmensas maceteras, parlantes y palmeras. Puede que aparezca con camisa de colores contrastantes con la parafernalia que desde tempranas horas habrá colocado la señora Rosario Murillo.

Hace treinta años subieron todos y se colocaron disciplinadamente en el orden histórico. Primero lo hacía Tomás Borge, luego Víctor Tirado, Humberto Ortega, Henry Ruiz, Daniel Ortega, Bayardo Arce, Carlos Núñez, Jaime Wheelock y Luis Carrión. Puede que me equivoque en el orden.

A treinta años de aquel 20 de julio en la Plaza de la República, bautizada a partir de ese momento como de la Revolución, uno de ellos falleció muy joven, el carismático e incansable trabajador Carlos Núñez Téllez. Cinco de ellos están fuera del FSLN, aunque el comandante Jaime Wheelock, el más discreto, dirige un centro de investigaciones sociopolíticas y ha declarado que puede regresar en cualquier momento. Recientemente Daniel Ortega lo saludó amigablemente.

Henry Ruiz, “Modesto”, permanece oculto la mayor parte del año y sólo se le ve al lado del Rescate del Sandinismo, los primero de mayo que acompaña a los socialistas o en fechas cercanas al aniversario de la Revolución.

Los comandantes Víctor Tirado López y Luis Carrión aparecen esporádicamente en actos formales del Movimiento Renovador Sandinista. El comandante Humberto Ortega es un empresario próspero en Costa Rica y se le ve eventualmente con pronunciamientos o consejos para sacar a Nicaragua de la crisis.

El comandante Bayardo Arce es un empresario solvente y asesor para asuntos económicos del presidente Daniel Ortega, y el comandante Tomás Borge es el embajador de Nicaragua en Perú.

Derrota electoral los atomizó
Pero, qué fue lo que separó a estos nueve poderosos hombres de la Revolución. Hoy, cada uno tiene sus tesis diferentes acerca de lo que ocurrió después de la derrota electoral de 1990.

Hay evidentes enconos entre ellos, pero sólo en privado se conocen; en público se respetan, aunque han armado polémicas a través de los medios sobre situaciones históricas o posiciones encontradas posteriores a la derrota.

Lo que más se enrostran es la incapacidad que tuvieron como cuerpo colegiado de hacer un análisis o autocrítica tras la derrota electoral, o atribuirle nuevos desafíos al FSLN que dejó de ser una institución política formal para girar alrededor de una persona o una familia, hecho que es criticado severamente hoy.

Las primeras críticas
El historiador Aldo Díaz Lacayo, ex embajador de Nicaragua en Venezuela y quizás uno de los pocos que se atrevió, a través de su libro “El FSLN después de la derrota electoral”, a afirmar que “(…) el FSLN debe salvar las divergencias de criterios alrededor del tema de la modernización del partido (…)” y sobre el estado en que quedó el partido Díaz Lacayo sostiene que “(…) Todo se está dando en un partido con un inmenso vacío de liderazgo intermedio, con una dirección colegiada ampliamente cuestionada por la propia derrota electoral, y con un fuerte liderazgo personal, con una alta propensión al caudillismo, independientemente de la voluntad personal del líder (…)”, aunque ahora, 18 años después, afirma que se trata de un “partido menos estructurado, más abierto, un partido de ciudadanos”.

Obviamente que la propuesta de Díaz Lacayo fue soslayada en ese momento y su crítica la disimula al afirmar hoy que se trata del “mismo partido trabajando en condiciones diferentes (…)” y evita hablar de su sentencia lapidaria de que si no había correcciones se encaminaba al caudillismo.

Díaz Lacayo en 1994 afirmaba que en el proceso de revisión del partido había que integrar a las distintas corrientes de opinión, “de lo contrario se profundizará la tendencia hacia la divergencia y aumentará el riesgo del fraccionamiento del partido”. De nada sirvió la advertencia, el fenómeno fue irreversible.

Pero algo mucho más importante que quizás ahora Díaz Lacayo ve de otra manera. En su libro, en la página 55, escribe: “Quienes reivindican el pasado per se hacen caso omiso de los cambios habidos en el mundo (…) y de la naturaleza de la revolución que los promovió para reafirmar su voluntad institucional (…) La lucha por la institucionalidad es la lucha por la democracia y es la lucha por la revolución (…)”.

Si Díaz Lacayo habla hoy de una segunda etapa de la revolución, también se debería valorar qué pasó con la institucionalidad.

La democratización que nunca fue
El 20 de junio de 1990, en entrevista concedida al diario Barricada, el comandante Luis Carrión Cruz admite que el Frente Sandinista debe iniciar un amplio proceso de discusión que permitiera revisar “sus postulados e incluso su programa histórico”, que en opinión de Carrión ya se había cumplido. “La democratización es un proceso necesario para que el Frente Sandinista, en las nuevas circunstancias políticas pueda fortalecer su representatividad en los más amplios sectores populares”, afirmó.

Eso no ocurrió, “hubo un desgrane”, afirma ahora el historiador Aldo Díaz Lacayo, y eso es real cuando lo grafica como un partido de ciudadanos a quienes se les concede militancia partidaria sin saber quiénes son, en una acción que el comandante Jaime Wheelock valora ahora como “un acto de campaña electoral permanente”, hecho que considera no acertado.

Más severo e irónico es Tirado López cuando a este fenómeno llama “militancias de manada”.

¿Y la inteligencia del FSLN?
En ocasión de un aniversario más de la masacre estudiantil del 23 de julio de 1959, el ex vicepresidente de la República, doctor Sergio Ramírez Mercado, en su discurso dijo, entre otras cosas y a propósito del debate que nunca fue: “No podemos volvernos profetas del pasado, no podemos repetir esquemas y errores. La inteligencia política que distinguió al Frente Sandinista en sus momentos más difíciles y en sus momentos más luminosos, tendrá que ser puesta en práctica de nuevo porque son los principios que nos hicieron pragmáticos (…)”.

Años después, Ramírez Mercado, ante la intolerancia de un sector que el mismo comandante Humberto Ortega, el 14 de septiembre de 1990 llamó “ortodoxos, radicales y esquemáticos”, se fue a hacer tienda aparte para formar junto a la comandante Dora María Téllez y la mayoría de cuadros de la Revolución, el Movimiento Renovador Sandinista, MRS.

Las advertencias de Orlando Núñez
Orlando Núñez Soto, uno de los principales ideólogo del FSLN, mantuvo una posición crítica en ese momento histórico cuando el cinco de septiembre de 1990, afirma que: “Los partidos revolucionarios de carácter vanguardista que estando en el poder tuvieron un comportamiento “estatista” (…) tienen la obligación y reto de renovar su estrategia a fin de recuperar la hegemonía y alcanzar sus viejos objetivos”.

Y sobre el debate que nunca se dio en aquel tiempo, Núñez arremetió contra la ortodoxia de su mismo partido al afirmar que “estos militantes ignoran que hoy en día es más inteligente preocuparse por nuestros errores que por los de los enemigos (…)”.

Carlos Tünnermann Berheim, en su artículo “La democratización del FSLN”, publicado el 25 de julio de 1990, al referirse al tema de si la Dirección Nacional debía o no seguir al frente del FSLN, escribe: “No comparto el criterio de que la continuidad de la actual Dirección Nacional del Frente Sandinista sea la garantía, aparentemente única, de la unidad del Frente Sandinista y de su sobrevivencia (…)”, para afirmar luego que “no es válido, ni conveniente ligar la unidad y sobrevivencia del partido FSLN a la necesidad de radicalizar el liderazgo histórico de la actual dirigencia”.

Afirmar tales cosas a la luz de la derrota electoral tomó varios riesgos, y uno de los más graves fue que la dirigencia vio como herejías las opiniones de los cuadros más avanzados, y comenzó a calificarlos de “desviados, derechistas, vendidos al imperialismo y a la derecha vendepatria”, epítetos que 30 años después seguirá repitiendo Ortega desde la tarima.

Henry Ruiz, considerado por sus críticos en aquel entonces como “intransigente”, escribió el 27 de diciembre de 1990 que para “quienes han esperado el derrumbe del sandinismo a partir de la derrota electoral, ya pueden ir cambiando de opinión por otra más saludable y moderna: el sandinismo es una realidad política, social y económica que contribuye a la modernización política de Nicaragua. Desde esa realidad debemos estar y sentirnos orgullosos”.

La vigencia de la DN
Sobre el tema que el doctor Carlos Tünnermann había planteado respecto de la Dirección Nacional del FSLN, Ruiz, el 29 de diciembre de 1990 considera que “(…) los relevos de una dirección revolucionaria no son problemas de simpatías o antipatías, sino problemas de idoneidad y conveniencias políticas. No me cabe la menor duda de que se hace necesario establecer reglas, normas, leyes internas en el partido para el ejercicio de la autoridad delegada (…)”.

En el itinerario de este debate mediático, porque en lo interno del partido no ocurrió, EL NUEVO DIARIO, en su página de Opinión del 14 de septiembre de 1990, reprodujo una entrevista ofrecida por Humberto Ortega a la revista “Brecha”, y que tituló: “El nuevo Humberto Ortega: Los sandinistas históricos deben retirarse, y el sandinismo cambiar”. Obviamente no hubo represalias ni calificativos al jefe del Ejército Popular Sandinista, después, Ejército de Nicaragua. Además de ser un hombre poderoso, hermano de Daniel Ortega, estaba calificado como “moderado” por sus críticos. Nunca se cuestionaron sus expresiones.

Las “herejías” de Humberto Ortega
En dicha entrevista, Humberto Ortega afirma que “el FSLN debe iniciar una reestructuración profunda y abandonar las posiciones ortodoxas, radicales y esquemáticas”. La reacción de un sector duro fue calificar a Ortega de socialdemócrata y derechista, pero en silencio, nada público.

Pero lo más escandaloso para la ortodoxia fue la afirmación de que “(…) Para mí es más importante salvar a Nicaragua que al Frente Sandinista (…)”, y más adelante justifica sus afirmaciones anteriores cuando dice que “(…) El hecho de reformar posiciones que la izquierda ha mantenido en el pasado, no significa ser contrarrevolucionario (…)”.

El debate no se profundizó, al contrario, los sectores más ortodoxos cerraron filas con Daniel Ortega y los demás miembros de la Dirección Nacional, de forma que se fueron separando del FSLN. El comandante Luis Carrión se fue a estudiar a Harvard para luego regresar como consultor privado. A veces se le ve trabajando en programas de las Naciones Unidas y en momentos críticos vistiendo la camiseta del MRS.

El comandante Víctor Tirado López, de quien se decía era el de menos influencia en la Dirección Nacional, se quedó trabajando como lo hizo antes en la Unión de Ganaderos y Agricultores (UNAG), llegó a ser diputado ante el Parlacén, pero poco a poco comenzó a tener posiciones críticas hasta que lo vimos en el MRS.

El comandante Tomás Borge se ha mantenido como eterno Vicesecretario General del FSLN, cargo honorífico en los últimos años. Fue director de Barricada hasta el 30 de enero de 1998, cuando en medio de una tempestad política y económica tuvo que cerrar el diario, que ya circulaba en siete mil ejemplares. Hoy es el embajador de Nicaragua en Perú.

Ortega y su esposa Rosario Murillo sustituyen de facto a la dirigencia histórica del FSLN. ¿Hablará este 19 de julio?, le preguntamos, y el comandante respondió cabizbajo: “No sé”.

Juan Ramón Huerta / El Nuevo Diario /Nicaragua

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